Cuida tu lenguaje

 

Cuida tu lenguaje

La mayoria de las personas subestima el poder de las palabras. Quizá no se han dado cuenta del enorme poder que encierran. Quizá no se hayan dado cuenta de que las palabras de un adulto dichas sobre un hijo tienen un poder hipnótico inconciente que formará parte de la programación de las ideas, creencias, valores y pensamientos que tenga ese niño el resto de su vida.

He sido testigo de cómo cuando una maestra le dice a un niño: “eres muy inteligente” es como si le llenara un depósito de autoconfianza que se convertirá en una profecía autocumplida: si el estímulo es suficientemente repetitivo ese niño será inteligente por toda su vida escolar. Es como echar a andar un tren: lo difícil es el arranque, después casi no se requiere esfuerzo para mantenerlo en marcha.

Desafortunadamente también he sido testigo de lo contrario: esposas que le dicen a su esposa: “¿cómo estás gorda? (léase en tono cariñoso), de mamás que le dicen a sus niños “ay mi hijito no seas burro eso no se hace así!” de papás que le dicen a sus hijos una serie de apodos aparentemente inofensivos “chaparro” “pelón” y por supuesto las advertencias también “inofensivas” : “no seas grosero” “no te portes mal” “no seas maleducado” o ya enojados: “eres un  cochino” “que desobediente eres” “ay ching%$%$….contigo!” , etc.

Y también están otro tipo de advertencias y recordatorios “por su bien”: “está lloviendo no salgas porque te enfermas” “está frío tápate porque te va a dar una gripe” ” llevas tus pastillas para el dolor de cabeza?”  “no se te olvide llevarte X por si te da: tos, sueño, hambre, sed, estornudos, acidez…” ” vas a salir? dicen que va a llover….” “ya es de noche…”

Toda este ensalada constituyen los poderosos mensajes a los que muchos niños están expuestos desde chicos y por muchos años. Estos mensajes, por su repetición y por venir de figuras de autoridad se convierten en mensajes que se procesan a nivel inconciente, quedando grabados como programas que acompañarán a este niño ya en su vida adulta, sin importar si aún son relevantes o no.

Sin querer, los papás hacen que sus hijos se enfoquen en lo negativo : “no seas burro” en lugar de “vamos tu puedes ser más listo que eso”.

Hace tiempo me contaron un ejemplo muy ilustrativo: una niña aprendiendo a manejar la bicicleta en un campo de futbol, con todo despejado y su mamá diciéndole “nada más no choques con la portería”….ni bien la niña terminó de escuchar esa “orden” cuando se ve directo a chocar con la portería, estando todo lo demás despejado!

Entonces hoy los invito a revisar y autoescucharse cuáles son los mensajes que les dicen a sus hijos y cuántos de esos mensajes son verdaderamente constructivos y en lenguaje positivo. Recuerden que los niños centrarán su atención en lo que ustedes remarquen, si no lo creen solo intenten decirle a un bebe: “está bien vamos a jugar pero no te voy a dar este chocolate” para que vean hacia donde irá su atención.

He escuchado a papás en sesiones de terapia decir frente a sus hijos: “pues es que este burro que nomás no quiere hacer la tarea, se lo traemos para que nos ayude con el”.  Acaso no es increíble que este papá no se de cuenta que es él quien lo está programando y reforzando? Aparentemente no.

Las palabras tienen vida, tienen poder, tienen intención. Pueden destruir o contruir. Pueden hacer de alguien una persona optimista y segura o alguien pesimista y tímida. Está en ustedes cambiar esos diálogos.

 

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